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Una tarde en Betanzos

Una tarde en Betanzos

Después de haber pasado toda la mañana paseando por senderos mágicos en el Parque Natural de las Fragas del Eume y de una buena siesta para recuperar fuerzas, nos preparamos para visitar una villa cargada de historia y a sólo quince minutos de Casa Fragas Do Eume, Betanzos. Y mereció la pena.

El casco antiguo de Betanzos fue declarado conjunto histórico-artístico en el año 1970. Antiguamente se situaba en el interior de la antigua muralla medieval que rodeaba la ciudad y que contaba con cinco puertas. Puerta de la Villa, la principal, estaba coronada por tres escudos hoy encajados en el lateral de una vivienda. A pesar de no conservarse, su nombre es usado tal y como indica como lugar de entrada al casco histórico. Hoy en día se mantienen en pie tres puertas conocidas como la Puerta del Puente Nuevo, la Puerta del Puente Viejo y la Puerta del Cristo.

Betanzos cuenta con dos monumentos nacionales como son las iglesias góticas de Santa María del Azougue y San Francisco situadas en la Plaza de Fernán Pérez de Andrade “El Boo”. San Francisco tiene planta de cruz latina y en su interior se pueden ver los sepulcros de los caballeros medievales que constituyen el elemento histórico artístico más interesante del interior del templo, especialmente el sarcófago de Fernán Pérez de Andrade, que está situado a los pies del templo, bajo el coro, y sostenido por un oso y un jabalí. Santa María de Azougue fue edificada entre la segunda mitad del siglo XIV y la primera del XV. Tiene planta basilical y tres naves. Destaca el retablo del altar y el capitel con el único calendario agrícola de Galicia.

En la plaza de la Constitución está el edificio consistorial del siglo XVIII obra de Ventura Rodríguez y el Palacio de Bendaña, del siglo XV y reedificado en el XVII. A su lado se alza el Centro Internacional de Estampa Contemporánea ( CIEC), en la antigua Casa Núñez. Domina la plaza la torre del Reloj, del siglo XVI que está adosada a la iglesia de Santiago.

Parque de O Pasatempo

Situado en los arrabales de Betanzos, la construcción de este jardín se inicia entre 1893 y 1895, y fue diseñado y costeado por Juan García Naveira.
De los 90 000 m² con que contaba originalmente el jardín, sólo se conserva una décima parte. El listado de todo lo que podemos ver en la sección conocida como las cuevas habla por sí misma de su miscelánea reproducción en cemento, un material nuevo en aquellos momentos. Además de las grutas y pasadizos subterráneos, llama la atención el estanque de la Jubilación, los murales policromados que reproducen medios de transporte como el aeroplano, el funicular, mapas del canal de Panamá, la pirámide de Keops en el testimonio de una gira por Egipto, el mural de España monárquica y sus 18 hijas republicanas, el homenaje a Argentina, los relojes de los husos horarios mundiales, la mezquita de Mohamed Allí, elementos de la mitología, animales exóticos, etc.
Las favorables condiciones ambientales y de comunicación, así como la cantidad de restos de asentamientos humanos encontrados de culturas posteriores, nos hacen pensar que esta zona geográfica estuvo habitada ya por grupos paleolíticos. De las culturas prehistóricas será la castreña a más conocida, tanto a nivel científico como popular. La identifica, especialmente, el tipo de asentamiento o hábitat, el castro -de aquí toma su nombre- destacando no sólo por las características de estos, sino también por la cantidad de ellos que aún se conservan. En nuestro territorio municipal destacamos el Castro de Untia como origen de la ciudad de Betanzos.

La ciudad se construye comenzando por la cima del castro o ” croa” y se extiende alrededor de esta, se utiliza y respeta, pues, la propia orografía del terreno. En este punto más alto es, precisamente, donde se está emplazada en la actualidad a plaza de la Constitución, rodeada por edificios como: el Ayuntamiento, el Pazo de Bendaña, la torre, la iglesia de Santiago y una serie de viviendas de madera. Este material, que se utilizó en la construcción hasta principios del s. XVIII, fue motivo de la masiva destrucción de casas en los incendios de 1569 y 1616.
En un primero momento, Betanzos se extendía hasta el primero recinto amurallado (calles del Castro, Santiago, Lanzós y Herreros), los patios y huertas finalizaban en un muro que con el tiempo se transformaría en calle. El segundo recinto se abrirá por los siglos XIV- XV, aunque los restos conservados datan del XIV, fueron reconstruidos más tarde ya en la época de los Reis Católicos. De esta muralla, que rodeaba la ciudad, llegó poco hasta nuestros días, aunque aún se puede distinguir. Casi toda tiene edificaciones particulares adosadas, sólo se puede apreciar en algunos tramos (100 m en la calle de Valdoncel), donde se ve su factura de cachotaría.
Cuatro puertas y un postigo, todas ellas del siglo XV, daban acceso a la ciudad: la llamada Puerta de la Villa, enfrente al Campo de la Feria, fue derribada en el año 1872 para ensanchar la entrada a la villa; con ella también desaparecieron las aneas y trasladaron los escudos que la coronaban. Las otras tres puertas eran (y en la actualidad son): la del Puente Nuevo, del Cristo y la del Puente Viejo. El tres son de forma apuntada, con las aberturas de las rejas en la primera y en la tercera; y la segunda presenta, por encima de un pequeño balcón, un Cristo y detrás, pintados, una ciudad con un sol y una luna.
En el siglo XVII, y por las influencias del estilo Barroco, se realizan algunas transformaciones: surgen los balcones, los soportales y se abren ventanas en los muros que con anterioridad eran macizos (cómo ocurre en el pazo de Lanzós); además se realizan otras obras dentro y fuera de la ciudad como: el pazo de Bendaña, la iglesia de las Angustias, el convento de Santo Domingo, etc.

Un siglo más tarde, ya en el XVIII, se construirán edificios tan importantes como el Ayuntamiento o, ya en los extramuros, lo que se pretendió fuera Archivo del Reino de Galicia, el actual Liceo.
A mediados del siglo XIX comienza a surgir un interés real por el aspecto urbanístico de la villa, se harán reformas en la Plaza del Campo, y se intentará convertirla en una “plaza mayor”; así, se decide su pavimentación y se trae desde Francia una fuente de hierro que representa la “Diana cazadora”, y que se coloca en un lugar céntrico de la plaza. Las casas, situadas en un lado de esta, sufren reformas, surgen las galerías que transforman el aspecto del conjunto.
La ciudad intenta salir de los límites que le imponen el recinto medieval, se abrirán nuevas calles con mejores condiciones higiénicas, se realizan los proyectos del ensanche y se incorporan nuevas tendencias arquitectónicas (casa de don Juan García Naveira). Conviven, en este momento, entre los siglos XIX y XX, tendencias de estilo historicista con modernismo y eclecticismo. Será el momento en el que los “indianos” patrocinen obras de carácter social.
Desde la década del treinta es perceptible una línea de ruptura con la construcción tradicional; se recurre la un tipo de edificio más barato, donde predomina el uso del ladrillo y del cemento y desaparecen, prácticamente, los ornamentos. Con todo, por mor de la declaración de la ciudad como conjunto histórico-artístico, se observa más cuidado a la hora de realizar nuevas construcciones o rehabilitar las antiguas.

Y que no se nos olvide que para los visitantes no podemos dejar de degustar  en Betanzos exquisitos manjares gracias a los variados y ricos productos de su huerta, de sus ríos y de su ría.

 

Un factor importante son los mercados semanales y ferias quincenales que sirven de intercambio de una materia prima de calidad excelente.

En las numerosas bodegas, bares, mesones y restaurantes que existen, se puede degustar cualquier plato pero vamos a hacer hincapié en los más típicos y de mayor reconocimiento para nuestros visitantes.

Los mariscos de la ría de Betanzos como las almejas, mejillones, nécoras, centollas, pulpo o los calamares serán uno de los primeros platos incomparables. Los pescados de los ríos Mendo y Mandeo son sabrosísimos, sin olvidar la lubina de la ría.También es famosa su carne de todo tipo: ternera, cerdo, caza…; quesos del país; repostería y embutidos caseros. Pero eso si, lo que más desataca y recomendamos:

Tortilla de Betanzos
Es el plato por excelencia de la gastronomía betanceira. La tortilla está hecha con aceite de oliva, patata, sal y huevo casero. Se puede degustar en todos los bares y restaurantes de la ciudad.

Repollo de Betanzos
Se vende en los comprados semanales. Es de sabor dulce y muy apreciado para la elaboración del caldo gallego y del cocido, hasta que no aparecen los grelos. No hay que olvidar que hasta tiene una canción: “arroz con guisantes, patatas nuevas, repollos de Betanzos y además cebollas”.

Vino de Betanzos
Hay documentación que habla de la existencia de vino de Betanzos en la Edad Media y que era una de las principales mercancías en el puerto de la ciudad. Tras sufrir varias plagas en el siglo XIX, hoy en día se recuperaron unas cepas que consiguieron la denominación de Viño de la Terra de Betanzos. Es un vino ligero, frutal, de poca graduación y en variedad blanco y tinto. La tradición es tomarlo en bodegas particulares señalizadas con el típico ramo de laurel en la puerta.

En fin, a disfrutar que nos lo merecemos!!

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